Garret y yo

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A pesar de vivir en España, sigo un horario centroeuropeo. Llevo una rutina que me permite iniciar las tareas mucho antes de que amanezca, sin que nadie me distraiga. Solo hay una excepción: mi beagle Garret. Pero mi perro ya no abre temprano la puerta de la habitación para darme sus “buenos días”. Tampoco me hace su ritual característico para pedirme algo, ya sea para comer, salir fuera, o sencillamente para que me ponga con otra cosa. Y es que su razonamiento siempre ha sido: “cuanto antes coma mi dueño, antes lo haré yo”. ¡¡Eso sí que es toda una filosofía perruna!!

beagle Garret enero 2013
Esta foto de Garret fue tomada en enero del 2013. Cuando se cambió el diseño de la página, se utilizó para hacer un nuevo logotipo de Perros-Beagles.com

De ésta también sale

El pasado 21 de Octubre, Garret rechazó su cena. Al día siguiente apenas probó bocado. ¿Un beagle que no tiene apetito? Rápidamente saltaron todas las “alarmas”. La visita al veterinario concluyó con un análisis clínico que mostraba valores hepáticos por encima de 300, cuando lo normal era entre 50-80. Una persona con esa enfermedad hepática no duraría mucho tiempo. Pero había una buena noticia: en los perros es distinto, un hígado así se puede regenerar. Garret ya superó un atasco intestinal, lo mismo hizo con su próstata enferma, un otohematoma canino… Al final llegué al convencimiento de que mi perro ”también saldría de ésta”.

Haces por tu perro cualquier cosa

El veterinario le había prohibido la proteína de origen animal. Por eso en los días siguientes la máxima preocupación en casa fue preparar comida apropiada para Garret. Si un día comía arroz con zanahorias, al día siguiente lo rechazaba. Probé suerte con unas dietas para perros con deficiencia hepática, compradas en internet.

Me di cuenta que la barrera mental que podría impedirme hacer determinadas cosas, desaparecía. No dudé en pringarme las manos para cortar y cocinar grasa de pollo, porque había leído que haría más apetitoso el arroz cocido. Las noches eran muy largas, porque me las pasaba pendiente de Garret. No había duda:

Por tu perro, por tu mejor amigo, eres capaz de hacer lo que sea.

Cada intento por hacer que Garret comiera, era una batalla perdida. El muro que teníamos que escalar se hacía enorme, parecía insalvable. Me sentía impotente, y dolorido moralmente. Por eso celebrábamos por todo lo alto cuando aceptaba trozos de manzana, zanahoria cruda, e incluso pimiento verde!! Sí, mi perro tenía carácter hasta para eso.

Garret bajo el taburete de trabajo - mayo 2015
Una de las tareas favoritas de Garret: acompañarme en mi trabajo (mayo 2015).

Una dura decisión

La mañana del sábado 10 de noviembre el estado de mi querido Garret había empeorado bastante. Prefiero no entrar en detalles, solo diré que delante de mí tenía un animal que se tenía en pié gracias a los calmantes.

Muy temprano llamamos al teléfono veterinario de urgencias. En el trayecto a la clínica (a pocos metros de casa), tuve que tomarlo en brazos, porque hacía gestos de que ya no podía más. Pegado a mi pecho, Garret aún tenía dignidad para ir con la cabeza erguida.

En la clínica pude comprobar que el instinto de supervivencia es más fuerte que el estado físico más decadente. Garret se negaba a entrar en la sala donde otras veces le habían atendido. Yo me agaché y lo rodeé con mis brazos, al tiempo que él buscaba protección entre mis piernas. Así estuvo hasta que le pincharon un tranquilizante en el muslo izquierdo. La confianza que el perro adquiere con su dueño fue traicionada cuando estampé mi firma en un papel.

Las patas traseras de Garret aflojaron, entonces le subí a la mesa. Ahí arriba fue quedándose dormido, mientras le acariciaba y decía cosas al oído. Le tomaron una vía para ponerle la anestesia, y pocos minutos más tarde la última inyección. A las 10:37 horas de ese frío 10 de noviembre, el corazón de mi querido amigo dejó de latir. Una hora más tarde, su cuerpo fue incinerado.

A Garret se le practicó la eutanasia porque días atrás el veterinario nos había confirmado que tenía metástasis. La enfermedad estaba muy extendida por su cuerpo, no había solución. Queríamos evitarle más sufrimiento, porque cada día la dosis de calmante tenía que ser mayor. Apenas comía, y lo más importante: nos aterraba la idea de que muriera en alguno de esos momentos en los que estaba solo en casa. Preferimos darle una muerte digna y dulce, y estuvo acompañado por mí en todo momento.

Descubriendo el vínculo

Adfer Dazne con su beagle Garret - mayo 2015
Aquí aparezco yo con mi beagle Garret. Son fotos de mayo del 2015.

Quien siga más o menos este blog sabrá que ya he publicado artículos con dueños apenados por la muerte de su beagle. Cada vez que ocurría, me recordaba que algún día me tocaría a mí pasar por esa experiencia. Sinceramente, está siendo bastante peor de lo que me había imaginado. Cuando pierdes algo, cuando ya no lo tienes, es cuando empiezas a entender su valor.

Los días previos fueron los más dolorosos, porque había que programar una despedida inevitable. Es algo que intentas aplazar lo máximo posible, al tiempo que ves cómo tu perro se consume y sufre.

Tras su pérdida, poco a poco he ido descubriendo mi vínculo con Garret. Como ya he señalado más arriba, creo que mi perro conocía más cosas de mí que yo mismo. Su capacidad para controlar el paso del tiempo, y advertir los estados de ánimo ajenos, eran realmente sorprendentes.

Es una grata experiencia criar y educar a un beagle, pero también estos orejudos te enseñan cosas. Incluso cuando ya se han ido, sientes que has aprendido una lección más de la vida.

Desconocía que mi vínculo con Garret fuera de tal magnitud. Su presencia es profunda y duradera, y de alguna manera se quedó dentro de mí.

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Diana JaramilloFlorenciaAdferVictoria Bardají Comentario reciente del autor
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Diana Jaramillo
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Diana Jaramillo

No pude contener mis lágrimas a leer tu historia y la partida de Garret, tengo dos hermosos Beagles: Manolo y Quilichao, los amo y son mi mejor compañía, se que este momento llegará, pero no quiero pensar en ello. Siento mucho lo de tu Garret, sus recuerdos permaneciran por siempre en tu corazón.

País:
Colombia
Florencia
Usuario
Florencia

Que terrible. No puedo ni pensar en ese momento. Un gran abrazo.

País:
Argentina
Victoria Bardají
Usuario
Victoria Bardají

Lo siento mucho Adfer!
La vida de los perros es extremadamente corta y nos deja hechos polvo. Pero te dejan tantos recuerdos!!
Nosotros perdimos hace un año a Yoko, la beagle que adoptamos ya adulta y por la que comencé a leer tu página, de la que aprendí muchísimo.
Tenía un cancer del que la operamos dos veces y a la tercera recaída ya era muy mayor y no se podía hacer nada más. La acompañamos en su despedida con dolor y cariño, por los nueve años que compartimos nuestra vida y ella se comportó como la guerrera que era…
Nos ha gustado tanto la raza que ahora tenemos una beagle-harrier de un año que es muy especial y se llama Marxa!
Un abrazo y ánimo!

País:
España