Una de las grandes ventajas de que el cachorro ya esté protegido por sus vacunas es que podremos pasear al perro, ya que las salidas hasta ese momento han sido exclusivamente para que haga sus necesidades. Nuestro perro se va enfrentar por primera vez a dos nuevos elementos: el collar y la correa. Debemos tener presente que su primera reacción va a ser de extrañeza y he aquí algunos consejos para que esta experiencia sea positiva.
Recomendaciones sobre la manera de pasear a un perro, y el adiestramiento que se le puede hacer en la calle.
Recientemente he tenido noticias de Alejandra y del susto que se llevó cuando se le escapó Saphira, así que ella me pregunta qué hacer en estos casos para conseguir que su perro venga.
Ya he contado 2 métodos: existe una primera parte escrita sobre este tema, y otro artículo explicando el uso de la orden “ven”, pero lo que hoy os voy a contar tal vez sea el más efectivo de todos, el único cuando los dos anteriores fallen, o porque el perro esté ya más alejado.
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Pasear a tu perro debe ser una actividad agradable para ambos, por eso la sabia elección del collar es importante, y la debes hacer no sólo pensando en tu perro, sino también en tí.
Hoy voy a hablar básicamente de los dos tipos de sujeción existentes: el collar y el arnés. Dentro de cada uno de estos grupos se dan ciertas variedades, pero eso será en otro post.
No es muy normal ver a algún perro por la calle con bozal, a pesar de ser un elemento prácticamente obligatorio en muchos lugares del mundo. Yo ahora lo utilizo en mis perros y la verdad es que lo considero imprescindible para un beagle.
Con la enfermedad de Garret, por culpa de ingerir trozos de caucho, y teniendo en cuenta la tendencia que tiene a tragarse cualquier objeto que encuentra y que yo quiero quitarle… pensé que un bozal iba a ser una solución, al menos durante los paseos. Tan bien me ha ido con él que a Gala le he puesto otro.

En el trayecto a la oficina me encontré hace unos días con un hecho insólito para mí: un dueño que paseaba a su beagle con la correa pero que lo soltaba más tarde en un gran solar vacío sin edificios. Este acontecimiento mereció que aparcara mi vehículo y me acercara para ver más de cerca este acontecimiento, ya que siempre he pensado que un beagle suelto haría cualquier cosa menos obedecer a su dueño, dedicándose más a seguir algún rastro encontrado.






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